Llegará un día en que hablemos de Lionel Messi como quien narra un cuento. Una de esas historias que nos entran por los oídos y nos fascinan la mente, cegándonos en nuestra admiración por el protagonista y su afán de luchar sin desfallecer. Desearemos volver a escuchar el relato de sus correrías en el campo, pues las mejores historias son aquellas que no nos provocan hastío. Precisamente porque se reinventan a sí mismas, laboriosamente y sin hacer ruido, como las buenas crónicas deportivas.
Si al nombrar a Picasso podemos resumir lo que es el Arte con mayúsculas, Messi viene a ser la quintaesencia que abarca el fútbol. Hablar de Messi supone hablar de un hombre récord, de una mina de trofeos a todos los niveles, de una montaña cuya altura resulta imposible de calcular. Como cada año crece un poco más, nadie puede establecer una medida universal para deducir su altura. Para algunos, alcanza cuatro Balones de Oro consecutivos (2009-2012) hasta la fecha. Otros traducen dichos galardones en méritos de equipo: cinco Ligas, dos Copas del Rey, cinco Supercopas de España, tres Ligas de Campeones, dos Supercopas de Europa y dos Mundiales de Clubes, por mencionar los más importantes.
O incluso hay quien prefiere reducir tales medidas de éxito en sus hazañas personales, reunidas en una lista que amenaza con hacerse interminable: récord Guinness de goles en un solo año (91 en 69 partidos)/ máximo goleador en un partido de la Liga de Campeones (cinco tantos)/ máximo anotador del Trofeo Pichichi con 50 dianas... En suma, nos encontramos ante un Einstein del balón cuya teoría de la relativa felicidad podría ser la siguiente: Éxito=Talento/ (Equipo+Suerte) x Actitud.
Viene a ser una vuelta de tuerca para todo aquel jugador que se concentra en el vestuario, pensando en los jugadores que van a ser sus rivales. Emociona pensar que el mejor del mundo va a enfrentarse contigo, va a ponerte a prueba y tratará de imponerse con todas sus fuerzas en el marcador. Su presencia llama al esfuerzo colectivo, al sacrificio y al trabajo duro en equipo. Por eso, viene a ser un verdadero ejemplo para muchos. Incluso para sus más íntimos contrincantes, como Cristiano Ronaldo.
Su poder de atracción reside en esa habilidad genial para ejecutar lo imposible. Messi juega como cada uno desearía hacerlo -aunque fuera en sueños-; juega disfrutando con el juego y haciendo disfrutar a los demás. Incluso a los adversarios, que suelen padecer la técnica del 10 argentino como la mayor de las pesadillas. Aunque en este caso, se deba experimentar con los ojos bien abiertos. Todo depende de la perspectiva con que se mire, aunque es cierto que él solo representa todo un aguacero de ocasiones para el cancerbero enemigo.
Aunque no sepamos aún cuándo llegará al final de su carrera, sí podemos asegurar que La Pulga lleva unas cuantas páginas de historia escritas. A fuerza de carreras, remates y goles, Messi ya ha logrado lo que muchos futbolistas no consiguen en toda una vida. Lo mejor de todo es que, dada su juventud, le queda cuerda para rato. Seguramente haya estado en el lugar adecuado y en el momento adecuado. En cualquier caso, ha demostrado ser un hombre privilegiado.
Y colorín colorado, este cuento sobre el genio de Rosario aún no ha acabado.

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