martes, 29 de enero de 2013

Isco tiene la sangre blanquiazul

 
Uno de nuestros boquerones más afamados, Isco, ha renovado su contrato con el Málaga C.F. hasta 2016. Sin duda, una buena noticia para los seguidores de un equipo que está haciendo historia. Con una plantilla solvente y un entrenador curtido en mil refriegas, este joven talento se ha convertido en uno de los valores al alza de este Eurolaga.
Pese a los cantos de sirena que llegaban desde otros clubes de Europa, véase Chelsea o Bayern de Múnich, el joven jugador se mantiene fiel al equipo malacitano. Su clásula de rescisión ya alcanza los 35 millones de euros, cifra digna de un diamante pulido. Y sin embargo, su rendimiento -que está siendo espectacular hasta el momento en la Liga de Campeones- indica que esta joya aún está en bruto. Aún no ha alcanzado su techo este Golden Boy y promete seguir dando guerra sobre el césped de la Rosaleda.
Pese a este blindaje económico sobre el talento torrusco, muchos grandes del fútbol seguirán pretendiendo a la perla malaguista. Y es que su cláusula no lo hace intocable para quienes acostumbran a tirar de talonario, con millones a mansalva, contra cualquier objeto de deseo en el mercado de fichajes: Real Madrid, Barça, PSG, Manchester City...
Frente a estos tiburones, queda el compromiso de Isco y sus ganas por continuar jugando en su tierra. Tiempo tiene para salir y probar su incuestionable valía, déjennos disfrutar de él mientras tanto.

miércoles, 16 de enero de 2013

Los boquerones y el tiburón

"Fábula contemporánea de final abierto
sobre unos pezqueñines aguerridos
y un prepotente escualo"

Una vez, en un mar no muy lejano, vivía un pequeño pez. Aunque era feliz en el arrecife donde se había criado, ansiaba lanzarse al océano abierto y conocer otras aguas. Dado que no ignoraba las dificultades de esa travesía, decidió reunir un grupo de compañeros que compartieran su misma inquietud y pudieran apoyarse mutuamente ante los peligros. Tras un duro entrenamiento para aguantar fuertes corrientes y aprender a luchar en equipo, se pusieron en marcha.
 
Como había previsto aquel pez, las profundas aguas del mar abierto resultaban frías y oscuras.  A veces se cruzaban con otros bancos de peces que les hacían frente, compitiendo contra ellos para poder seguir adelante en su afán por recorrer mundo. Poco a poco, se le fueron uniendo otros de su misma especie que se hallaban perdidos y sin rumbo. Así, el pez llegó a formar una gran familia que se mantenía unida ante cualquier adversidad.
 
Sin embargo, llegaron noticias de su viaje a un gran escualo que dominaba aquel inmenso océano. Como juez y señor que regía a todas las criaturas marinas, estudió cuidadosamente si aquel pequeño banco de peces sin nombre podía vagar libremente por sus aguas. Desde luego, no podía devorarlos pues se ganaría el odio de todos sus conciudadanos. Al comprobar que existían ciertos fallos en el momento de su constitución como banco, decidió amenazarles e intentar que se plegaran a sus mandatos. Como ellos reconocieran su poder, insistió en disuadirles nuevamente.
 
Al no conseguirlo, resolvió expulsar a aquel banco de peces que había osado ir mar adentro sin el adiestramiento preciso. Y viéndose condenados por una sentencia injusta, aquel pez decidió hacer frente al tiburón con sus propias armas. Primero fue una, después diez, más tarde cien... y al final, todos los moradores de las profundidades conocieron cuál había sido la resolución del tiburón. Incluso la gran ballena azul, tan antigua como el mismo océano y la única criatura que podía anular la voluntad del tiburón, se resolvió a actuar en favor de aquel pequeño pez valiente.
 
Entretanto, los miembros de aquella familia no se detuvieron y siguieron adelante. Y cuando les preguntaban por qué no obedecían la orden del escualo, respondían: "Antes que ese marrajo se estableciera aquí para hacer su ley y su juego, nosotros ya habíamos abandonado nuestro hogar para cruzar el mar abierto. Por eso, no nos rendimos ante sus pretensiones ni sus bravuconadas. Nosotros no respiramos dando boqueadas sin sentido, pues llevamos viajando mucho tiempo gracias al esfuerzo de nuestros pulmones y la sangre de nuestros corazones. Por eso, sabemos que no hemos hecho nada malo y que se nos hará justicia más tarde o más temprano".
 
Desde entonces se corrió la voz hasta los más remotos límites del Gran Azul. Y a partir de ese momento, se llamó boquerones a aquellos intrépidos peces que osaron levantar la voz contra el imperio del poderoso tiburón.