martes, 19 de febrero de 2013

CELESTE

 
A veces nos cae demasiado lejos y anhelamos contemplarla, esto les pasa especialmente a quienes nacen tierra adentro. Creen que su visión les puede hechizar para siempre. Entre aquellos que están acostumbrados a su presencia, hay de todo: desde los que gustan de pasear junto a ella hasta quienes la tratan como unos auténticos desgraciados. Existen quienes quieren compartir con ella los secretos más hondos de sus entrañas, sintiéndose al cabo ante una verdadera caja de sorpresas que les supera. Desde luego, su encanto natural no puede pasar por alto para nadie en este mundo. Naturalmente, les estoy hablando de la mar.
 
¡La mar! Resulta extraño pensar que lleva existiendo miles de millones de años y, sin embargo, nunca nos detenemos a considerar su edad. Quizás sea verdad que la belleza bien administrada reduce los estragos del tiempo. El tiempo no necesita respetar a nadie pues no existe realmente, sólo existe para quienes creen que es importante en sus vidas. Por eso la mar nunca envejece, su corazón celeste nunca deja de latir y bombear olas hacia todas las orillas del mundo. Cuando nos adentramos en ella, su inmensidad azul engulle cualquier noción de tiempo y espacio.
 
La fascinación que genera sobre los hombres ha generado muchos escritos, definiciones e historias sobre su naturaleza. En 20.000 leguas de viaje submarino, el capitán Nemo cuenta lo que representa la mar para él: "El mar es el vehículo de una existencia portentosa; es movimiento y amor; es el infinito viviente (...) es una inmensidad de desierto en la que el hombre no está solo jamás, porque siente palpitar la vida cerca de sí. (...) En el mar soy dueño de mí mismo, ¡soy independiente!"
 
Como se puede ver, la mar representa todo un tesoro para cualquier hombre que tenga la fortuna de conocerla. La atracción invencible de la mar reside principalmente en el peligro que encierra. Esa amenaza intrínseca puede adoptar diversas formas: la curiosidad humana por desentrañar sus misterios, su fuerza devastadora, los seres que alberga... Después de todo, vendría a ser como una caja de Pandora que nadie ha terminado de vaciar. O como un libro al que le faltan páginas por escribir.
 
Otra cuestión en la que nadie suele pensar es por qué podemos cambiarle el género (EL MAR o LA MAR). Pero esa ya será otra historia que espero tener el placer de contarles. Si tienen ganas, claro. Más adelante. ¿Cuándo? Ya se verá.
 
 

No hay comentarios: