Como les anuncié en mi último artículo que les contaría algún día el origen de ese apodo con el que se conoce a nuestra selección nacional más allá de nuestras fronteras, aquí se lo voy a contar. Es algo muy breve pero bueno de saber. Aunque no me crean, el origen de ese nombre -La Furia- tiene una base histórica y que habla muy a las claras del carácter combativo que nos gastamos por estas tierras.
La historia se podría resumir en pocas palabras: noviembre de 1576, siglo XVI, bancarrota general en el Estado español. Tercios del ejército español en Flandes. Soldados que llevan meses sin cobrar. Población rebelde que se amotina en Amberes y asedia el castillo en el que se refugian los soldados hispanos. Situación desesperada, con mínimas opciones de sobrevivir y en una proporción desigual de fuerzas. ¿Qué creen que pasó? Los españoles salieron a la calle, hicieron su trabajo como mejor solían hacerlo y procedieron a un saqueo sistemático de la ciudad y de sus riquezas, acuciados por la necesidad. Desde aquella jornada, los holandeses que sobrevivieron para contarlo hablaban de la furia española y de su extraordinaria fuerza.
Siglos más tarde, en los Juegos Olímpicos de Amberes 1920 -volvemos al mismo escenario pero en un contexto deportivo-, la imberbe selección española de balompié jugaba contra Suecia. Entre los primeros hombres que defendieron la elástica nacional estaban Ricardo Zamora, José María Belauste, José Samitier, Patricio Arabolaza o Rafael Moreno Aranzadi "Pichichi". En pleno transcurso del partido, perdiendo por 1-0, el gigantesco Belauste lanzó una frase para la historia: "¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo!" cuando pidió el balón a su compañero Sabino y le arreó tal cabezazo que acabó dentro de la portería sueca, junto con varios jugadores rivales que intentaron frenar la embestida de Belauste.
Poco antes, un periodista italiano empleó por primera vez la palabra Furia Rossa (La Furia Roja). Con ellas definía el ímpetu de los jugadores españoles y su coraje en el campo de juego durante su victoria contra Italia en dichos JJ.OO. No en vano, la selección logró ganar la medalla de plata del torneo.
Ya en nuestros días, ese apodo se ha acortado y La Roja forma parte del vocabulario popular. La idea surgió del seleccionador Luis Aragonés al designar así a la camiseta nacional, desde entonces tal nombre ha corrido como la pólvora y hemos olvidado que nuestro primer nombre fue La Furia. Lo gracioso es que, a nivel de selecciones, no somos el único combinado en llamarse así: Chile también es conocido como La Roja allá en Sudamérica, como bien demostró durante su último encuentro contra nosotros. Quizás debiéramos volver a los orígenes y así recuperar un poco de nuestra memoria colectiva, pues siempre será mejor no saber todo de algo sino algo de todo.



