El partido que disputó España contra Costa Rica el martes me recordó mucho al que jugamos recientemente contra Chile tras el Mundial. En ambos íbamos perdiendo 2-0 al descanso...y en ambos se produjo una remontada de incalculable valor con un genio manchego llamado Iniesta como artífice principal. Sin embargo, tanto ante los chilenos como ante los costarricenses, se llegó a una misma conclusión: España no termina de carburar en los partidos amistosos como lo hace en los partidos oficiales de clasificación y en los últimos torneos internacionales. Si es por falta de presión o por cansancio de los jugadores durante una temporada cargada de retos, no se sabe. Lo cierto es que lo vivido ayer recordó a los tiempos negros en que la selección no se comía una rosca y sufría ante rivales que hoy en día no se atreven a toserle. Tenemos la calidad y los jugadores para enfrentarnos con cualquiera, no los desaprovechemos.
Desde el primer momento, Costa Rica demostró que no iba a ser un partido cualquiera. El terreno, pese a las quejas de Toni Grande, estaba bastante mal -aun sin ser un patatal con más arena que césped, como el campo lituano de Kaunas- y dificultaba la circulación del balón. Asimismo, los 'ticos' copiaron la estrategia de Inglaterra (poco cerebro y mucho músculo) para frenar los avances de España y presionaron de lo lindo cuando recibíamos de espaldas para salir a la contra como alma que lleva el diablo. Si a eso le sumamos los errores puntuales en el tiqui-taca de la Furia Roja, con ese fallo garrafal de Casillas en el primer gol -un resbalón tonto, como el de Reina ante Argentina-, se consigue el resultado que vimos en la primera parte: un equipo que días antes había caído contra Panamá por 2-0 estaba dando un baño en toda regla a los maestros. En ocasiones parecía que los campeones del mundo eran los anfitriones, que contaban con verdaderos puñales en la delantera: Campbell y Brenes le dieron la tarde a Iker, en su partido 127 como internacional.
Los cambios de Vicente del Bosque dieron su fruto en la segunda parte, aunque de justicia es señalar que España tuvo en las botas del Guaje Villa más de una ocasión clara. El genio de Fuentealbilla apareció en una ocasión para enmarcar por el área de la Sele y a punto estuvo de meter el balón dentro. Fue una reminiscencia de aquel jugadón que protagonizó ante Bélgica, hace dos años, en un partido de clasificación para el Mundial. Un claro toque de corneta a la resistencia. Y por el mismo lugar llegó el primero: internada profunda de Iniesta, cesión de lujo para Silva y chut raso hacia dentro sin oposición alguna del portero Keylor Navas.
A menos de diez minutos para el final, el empate era posible y a ello se emplearon los jugadores con el coraje que caracteriza a la Furia Roja. Un cabezazo de Sergio Ramos a una falta chutada por Silva no encontró premio por milímetros, pero sí la tuvo Villa al final con su gol número 51. Pese a contar con más ocasiones y estar a pleno rendimiento, la falta de reacción en la primera parte condenó a España a un resultado inusual en la era del Bosque. Hasta ahora sólo se había empatado una vez, también de forma agónica, ante México en el Estadio Azteca. Siempre sabrá mejor un empate sufrido que una derrota abultada, pero la pérdida de prestigio sufrida puede jugar un papel determinante en los compromisos del futuro inmediato para La Furia.

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